Un día, en una cafetería muy conocida de un pequeño pueblo cerca de Venecia, Italia, dos amigos estaban disfrutando de su café cuando un hombre entró y se sentó en una mesa cercana.
El hombre llamó al camarero y dijo: "Dos tazas de café — y pon una en la pared."
Observaron cómo el camarero le servía solo una taza de café, pero el hombre pagó por dos. Después de que se fue, el camarero colocó un pequeño aviso en la pared que decía "Una taza de café".
Poco después, otros dos clientes pidieron café con "una en la pared" de la misma manera. Recibieron sus bebidas, pagaron una taza extra, y el camarero colocó otro aviso de "Una taza de café" en la pared.
Con curiosidad, los amigos terminaron sus bebidas y se fueron de la cafetería. Unos días después, regresaron. Mientras estaban sentados, un hombre mal vestido entró y pidió diciendo: "Una taza de café de la pared".
Con respeto y dignidad, el camarero le sirvió un café. El hombre lo bebió y se fue sin pagar. Los amigos vieron cómo el camarero quitaba uno de los avisos de "Una taza de café" de la pared y lo tiraba.
En ese momento, el propósito de esas tazas en la pared quedó claro. La gente de ese pueblo había creado una manera de ayudar a alguien necesitado de forma discreta y respetuosa — para que alguien pudiera disfrutar de una taza de café sin mendigar ni sentir vergüenza.
Y de hecho, puede que sea una de las paredes más hermosas que jamás verás.